Cinco mitos de los antibióticos, explicados de manera sencilla


El papel de Fleming en el descubrimiento de la penicilina y la consecuente popularización de los antibióticos mejoró la salud de millones de personas. Hoy, casi 90 años más tarde están en casi cualquier parte. El problema: no siempre se usan como se deben, este vídeo explica algunos de esos errores y mitos de manera sencilla.

La mayoría de ellos están derivados del uso abusivo de los antibióticos. Eso da como resultado la aparición de cepas de bacterias más resistentes y que compañías farmacéuticas tengan que modificar en consecuencia ciertas partes de la estructura química del antibiótico para hacerlas de nuevo más efectivas. La asociación que defiende a los consumidores en EE.UU. ha elaborado una recopilación bien documentada y bastante fiable de 5 mitos que solemos dar por ciertos sobre los antibióticos y no lo son. ¿Cuáles?

  • Sirven para todo: Este es, por suerte, uno de los que más se conocen. Los antibióticos sirven para enfermedades cuyo origen es bacteriano o vírico. No curan un resfriado, no curan un dolor de espalda y no hacen que la persona que los toma contagie menos la enfermedad. Luchan contra organismos vivos (anti y bio) como bacterias que originan la enfermedad. No son mágicos.
  • No tienen efectos secundarios: Como cualquier sustancia o agente externo que introduzcamos en nuestro cuerpo, claro que los tienen, aunque en la inmensa mayoría de casos estén tan controlados que ni los apreciamos. Esos efectos pueden ir desde diarrea a náuseas e incluso, en algunos casos muy, muy puntuales, daño nervioso. ¿La realidad? Los efectos secundarios están ahí pero no tendrás que preocuparte por ellos a menos que sufras una sobredosis. También pueden destruir “buenas” bacterias presentes en nuestro organismo de manera natural, además de las malas.
  • El tratamiento dura mucho tiempo: No necesariamente, y en realidad este punto se deriva de los dos anteriores: los antibióticos van mejor acompañados de una prescripción médica. Y el médico es, en ese caso, el que determina durante cuánto tiempo se deben tomar, sin importar que se sienta, o no, una mejoría.
  • Cuantas más bacterias muertas, mejor: No, el cuerpo humano, y en especial en algunos lugares como el tracto digestivo, tiene una gran cantidad de bacterias cuya actividad nos resulta beneficiosa. Si tomamos un antibiótico demasiado potente o mal recetado, podemos estar haciendo más mal que bien.
  • Autodiagnóstico: uno de los más comunes, y se suele hacer con antibióticos que sobraron de ocasiones anteriores. La realidad es que, aunque a veces se acierta, la mayoría se falla en el tipo de antibiótico a tomar, la duración del tratamiento y las condiciones.

Puedes ver debajo el vídeo completo sobre el tema elaborado por Consumer Reports, el medio de la asociación de consumidores de EE.UU.

[vía Consumer Reports]

Imagen: Motorolka/Shutterstock

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